15 de febrero de 2011

Laguna Mental Remasterizada.

La vida es un ciclo: recuerdo hace algún tiempo que escribí algo sobre estar apenado por ponerme hasta un nivel etílico que no recordaba absolutamente nada desde un punto de esa noche en adelante. Ese día estaba muy avergonzado, temeroso y... no encontré otra palabra en este punto, pero la onda es que tuve una muy mala resaca, más moral que física. Quién estuvo en mi resaca aquél día, hoy estuvo en mi peda.

En este momento escribo en la misma ignorancia sobre ayer que aquél día, pero mi animo es distinto. Lo malo: Cuando tienes una laguna mental tienes miedo de haber hecho algo así bien denso cómo organizar un ritual satánico, bailarle el meneito a la reina de Inglaterra, vomitar en la alberca y arruinar la fiesta (eso espero hacerlo algún día), hacer un bloqueo de transito con un alambrito o qué se yo de cosas locochonas que se podrían hacer en ese momento; total, lo mismo al otro día no te acuerdas ¡Pero no! no hice nada de eso. Hoy no estoy preocupado salvo porque no encuentro mi short y es por mis cigarros no por la posibilidad de haber caminado en ropa interior desde el bar.

Cómo siempre lo malo de la vida viene de tener expectativas. Me conozco y sé que no hice ninguna de esas cosas para pasar a la posteridad, sólo me puse a dar explicaciones que nadie me pidió y a molestar a alguien que no sé lo merece: no me arrepiento, pero perdón Mayra, o será Maira.

Hasta dónde puedo recordar la peda de ayer estuvo poca madre, aunque no hayamos sacrificado a un animal pequeño o algo así, el baile, el discurso, la perdida de los pantalones, todo fue chingón. Probablemente no me siento mal por no recordar cosas porque todavía estoy bastante borracho a pesar de haber dormido algunas horas ya.

¿Ulises Silva?

12 de febrero de 2011

Cualquiera puede cocinar.

Dos semanas de nuevo acá, sin mucha novedad, la clásica del dolor de panza en lo que el traicionero sistema digestivo se acostumbra a comer tacos todos los días, hay que aprovechar, en Vallarta están muy caros. Aún no siento nostalgia por mi casa, pero hay mañanas en que me gustaría meterme a que me revuelquen las olas aunque haga mucho frío... y allá no voy, contradicciones de un hombre piratón.

Estoy pasando así como por muchas regresiones, unas positivas, otra no tanto; aislarme de la gente, sentirme con una flojera así cómo super cabrona, identificarme con cada historia que veo o leo; en fin, tiempos raros los que corren. A veces creo que es así cómo una segunda pubertad, dónde todo está jodido y nadie me entiende, rebeldías medio estupidas y así. Excepto que ahora sé más cosas jodidas de la vida que la primera vez, entonces me pongo todavía más insoportable, además de que antes solía tener energía para intentar hacer algo al respecto y una boca resongona para que me ganó dos o muchos bofetones, en la actualidad me da flojera y me conformo con fingir que no me importa, pero cómo si me importa no estoy a gusto.

El otro día estaba en el cumpleaños de la que bien podría ser importante, pero me resisto que ocurra, porque esas cosas son del diablo... mas o menos. El chiste es que estaba ahí era así cómo un lugar medio aislado de la "ciudad", entonces te alejabas tantito de la luz y podías ver el cielo, pero de verdad el cielo, ese que te roba sin queja el alumbrado público. Estrellas, muchas estrellas, que no había visto en mucho tiempo, todas ahí ajenas a lo que ocurría abajo, pletóricas de hermosura y brillantez, entonces todo se lleno de silencio, sólo eramos yo y ellas, una danza privada sin movimiento perceptible ¡valgame dios! hasta casi chillo cómo cuando vi Marley & Me, que por cierto no debes ver si tienes perro, aunque en realidad ni siquiera chillé cuando se fue Tango, digo me sentí triste, pero no chillé... Irresistibles las miraba desde de abajo hasta que me cansé y decidí acostarme en el pasto para estar más cómodo y por primera vez en mucho tiempo me sentí tranquilo, sin pensar, ni hablar o escuchar cualquier pendejada distractora.

Así estaba yo muy tranquila hasta que me agarró frío y tuve que regresar a la fiesta a no poder decir nada y estar acojonado por mi propio mutismo provocado por un montón de traumas y una imagen inmaculada creada a su alrededor. Me destapé otra cerveza, ese momento no era algo que quisiera ver sobrio.

Ulises Silva.