21 de mayo de 2010

Eternas seis con treinta

La energía se agotó hace muchos minutos de los que ya no se dio cuenta. Descansa impávido, a veces sonriente, a veces melancólico por los segundos que no ve pasar, en otras pocas mira con picardía los rostros que lo miran desesperados. Luego llega el tiempo en que ya nada más le marca las horas. Cuando la realidad detiene su perversa inversión, busca en sus recuerdos entonces, en años mozos, cuando el vigor no había abandonado sus brazos e iba y regresaba del sueño sin ningún pesar. Un momento triste cuando el pasillo ya no resuena; ni con Charly ni con Fito, ni con Calamaro ni con Palomas. La puerta permanece cerrada con sus amenaza visible, el olor del café no le indica otro día, los cascos de caguama permanecen vacíos; y después de todo eso sigue sin recordarlo.

Vuelve la música, vuelven las risas, las pequeñas voces que susurran segundos que lo vigorizan de nuevo. Los comentarios culeros e hirientes sin intención de serlo le devuelven la cuenta; entonces se dice que puede hacer más que ver pasar el tiempo, que puede participar en los pequeños regocijos, su éxtasis llega cada vez que alguien lo señala cagado de risa o desconcertado, se siente parte y mira sonriente como se llena el ropero, ya casi a tope. Platican pero no siempre se entiende, desde sus fibras más intimas son distintos, pero no por eso dejan siempre de buscarse, aunque sólo sea para no sentirse tan solos. Le lleva ventaja en su soledad, a pesar de haber estado relegado al rincón más lejano y cercano al carmesí.

Recuerda entonces que no tiene memoria, que está casi muerto, nunca fue de su naturaleza recordar, se lo impide el mismo, porque debe ser tiempo, porque debe ser una marca en la pared que trate des pasar desapercibida. No puede estar triste, no tiene conciencia, no cura ni restablece, está medio muerto.

Aferrado a algún número mágico piensa en el sol, su primer aliado, ahora se lo ocultan las vigas de ¿hormigón? es demasiada presunción suponerlo. Le tocó estar solo, rodeado de fugaces compañeros que mueren por sus brazos. El ropero ahora en otro rincón, espera otro momento para abrir sus puertas y asilar algo, lo que sea; por lo menos sigue siendo útil, es más que un chiste local. La envidia lo corroe, hasta que recuerda, sin memoria que tampoco puede sentirla. No ama, no odia, sólo mira y olvida, marca y maldice. Pero ¿A quién le importa? es sólo un reloj.

Klansman.

20 de mayo de 2010

¿Qué le paso a mi rancho?

Es muy probable que las palabras que escribo ahora se puedan parecer bastante a lineas del pasado reciente, mas no puedo ignorar el arranque de melancolía que me atacó de sorpresa un fin de semana que se suponía como una vuelta hacía mí y mi espacio de tranquilidad. Mi rancho ya no es lo que solía ser.

Primera sorpresa: ya no se puede pistear en el malecón, nueva ley. Una oficial de policía turística nos dirigió una mirada fea, gorda y amargada, ah chinga, perdón la estoy describiendo a ella... Nos miró con sus ojos virolos para decirnos que no podíamos seguir disfrutando de nuestra bebida refrescante, por una ley impuesta un día antes donde queda prohibido consumir bebidas alcohólicas en la vía pública. No es la primera ocasión que esta medida es utilizada en el Vallarta, alguna vez, se utilizó, pero no resultó buena idea. Para resumir cito a Armando Palomas conocido cantor mexicano, en su concierto frente a la presidencia municipal del puerto, mientras ley los carteles pegados en cada poste: "La vía pública no es barra libre. ¿Qué pendejada es esa? La gente viene acá a empedarse, la pinche playa de aquí está bien culera. ¿Cual es el chiste entonces de venir a Vallarta? Desde aquí quiero exhortar a todos decir: A la verga el gobierno." La gente enloqueció y repitió voz en cuello las palabras del folclórico personaje.

Se dice que esta decisión le costó al PAN, partido que estaba en el poder en es momento, perder las elecciones siguientes en el municipio; por si las dudas, el PRI, retiró la ley en cuanto entró en funciones como partido gobernante.

Sin embargo está vez el ambiente no es el mismo cómo para provocar que esta acción sea descartada por el gobierno, de acá sale la nostalgia; no se nota una protesta de parte de las personas asiduas al "male"; gran parte de eso es porque el "male"está solo, sábado en la noche y está casi vacío. Qué lejos están los tiempos en que tomaba dos horas cruzar el centro a pie, con una caguama en la mano, porque debías detenerte a saludar a alguien cada tres metros, también con su respectiva bebida perrona. Por lo que fue lógico la decisión de permitir a la gente tener un pequeñito escape los fines de semana para cotorrear y conocer gente.

Pero ahora parece que no le importa a nadie. La juventud de ahora, prefiere farolear y gastarse millones de dolares en antros donde sólo se va a representar un status que no se tiene. ¿Dónde está la gente con la que yo solía cotorrear? A esto levanto varias teorías:

1.- La crisis económica afectó a mis antiguos compañeros de alcohol, por lo que ya no pueden darse el lujo de ir al malecón.
2.- Sienten que yo no tiene están viejos para salir a cotorrear porque la sociedad dice que a cierta edad ya el hombre se tiene que preocupar por cosas más serias (y aburridas) que el cotorreo.
3.- Encontraron algo más gratificante que hacer. Poco probable.
4.- Se unieron a la vorágine del status falso que mencioné más arriba.
5.- Ya tienen pareja, y como solo salían para ver que agarraban ya no tienen nada a que cotorrear con los compas. Aclaro que no es pedrada.
6.- Ya estoy viejo y no debería de seguir buscando fiesta. Espero que no.

Cómo quiera que sea, no me explico como la gente no puede entender lo sublime que es tomarse un caguamón mientras el mar se estrella contra un montón de piedras frente a ti, detrás está el desmadre de la gente que se estrella contra las banquetas y su propia conciencia pero siguen sonrientes.

Klansman.

10 de mayo de 2010

Con olor a manguerazo.

Escucha mil veces la misma la canción, con una enorme sonrisa, más de sarcasmo que de felicidad: he is a man in constant sorrow... Por fin lo entendió; el último cigarrillo, hasta que abran la tienda para poder comprar más se va en un suspiro de nostalgia, supongo. Ya perdió la cuenta de las horas que faltan para que salga el sol y de esa forma se vaya el último zancudo, sin embargo los maldice por lo bajo, trata de razonar con ellos, se da cuenta que es la primera vez que abre la boca en todo el día, y ya está a punto de amanecer. Acomoda una mueca indefinible y se levanta de la cama otra vez, pero olvida para qué, vuelve a sentarse y mata otro bicho: "¡Putos, los odio! ¡Extínganse a la verga!"

Mira por la ventana y vuelve a maldecir por lo bajo, George Clooney repite su baile pero ya no le presta atención, entonces el sonido reaparece en el techo. Gotas de lluvia, una tras otra sobre las casas del pueblo, eso va a alejar a los zancudos por un rato. Bebe de el agua mineral, sin whisky esta vez, y sale al balcón para ver llover, hace mucho tiempo que lo anhela, parece que los dioses le hacen muchos favores en este día, sólo buenas noticias después del susto. La lluvia cae y la tierra se moja, olor a rancho, olor a tierra, olor a memorias. Entonce recuerda una historia, de una niña que venía de una ciudad turbulenta hacía unas costas amarillas del otro lado de su hogar, que al pasar por Guadalajara le huele a tierra mojada, y siempre que llueve recuerda el auto junto a sus hermanos.

Él se detiene en ese pensamiento y busca volver a evadir esos recuerdos, pero otra vez detiene su cabeza por un segundo, abraza el recuerdo, ya no hace daño, ya no cala tan duro. Sonrie por su descubrimiento y busca en sus propios recuerdos del olor, más atrás de la cancha de fútbol donde escuchó la historia; tal vez parado junto a Moon-Ra en un caballo que se niega a obedecerlo mientras se come su octavo mango verde. La lluvia deja de caer y los zancudos vuelven, pero ya no importa, ya se ve el resplandor del sol en el cerro.

It's fare thee well my old lover
I never expect to see you again
For I'm bound to ride that northern railroad
Perhaps I'll die upon this train.

Klansman.

6 de mayo de 2010

Born in Scotland. Long Life to Nessi

Me encontré conmigo mismo en una estantería rodeada de cajitas de color rojo cómo tirando a vino. De un salto de alegría la tomé agresivamente y contemplé en silencio la silueta verde de William Wallace en su versión Mel Gibson y me descubrí recordando a la planta bailarina que buscaba al sol en la noche con una danza bastante ridícula, la arena alunizada y el malecón wacareado. El reproche que se transformó en un autor estridente y contradictorio, se postró frente a mis ojos y me dijo: "Bebe, porque si tus ojos me recuerdan y se bañan de lagrimas de alegría y regocijo, tu estomago y tus labios lo hacen aún más. Porque sabes que me extrañas en tus borrachas avenidas mentales. Porque sabes que una caguama no es suficiente, me necesitas para ofuscar tu sinapsis y pervertir tu lengua. Bebe." Yo dije: "ah que chingón", sonreí de nuevo y pagué la botella.

Bendito suelo escocés.

Klansman.