7 de diciembre de 2019

Promesas Rotas

 La armadura de una dama es la cortesía.
Que cosa más frustrante.

¿Cuantas mentiras puedes contarte antes de que te lo empieces a creer?

Regresamos al punto de partida, ilusoriamente nos decimos que nada cambió, que todo era parte el plan, que las cosas pasan por algo, que ese era el plan de Dios. Que eso tenías planeado desde un principio. No lo era, pero vamos a seguir el juego. El pedo de no escribir tan seguido, más si lo haces con un fin catártico se te quedan muchas cosas en la cabeza que no quieres decir, bien porque no son literariamente bellas, o bien porque duelen de una forma que el que lee no puede percibir y expresarlo no vale la pena.

Pero aquí estamos otra vez, con cosas no literariamente bellas, que expresarlo no vale la pena, pero hay que echarlo para fuera.

Me detengo a pensar "qué tengo para escribir que valga la pena". Decir que estoy triste es poco, supongo que por eso se sabrá que vuelvo escribir. Decir que tengo algo que decir, es mentira, porque no hay no algo de lo que pueda decir que no hayas leído mejor escrito. Decir que es por expresarme, tal vez esté más cerca de la realidad, pero eso no lo hace mejor. No es que este blog sea un ejemplo de chingonería.

Escribo porque quiero y puedo, me hace feliz y mucho tiempo fue mi escapatoria a una realidad que quería evitar y me vino a perseguir hasta estos días. 

El que me haga feliz, no me hace  escribir cosas felices, la cosa no es así. Pienso en todas las cosas que se pueden decir, todas las cosa que leo en redes sociales. Todo es felicidad, la gente sólo comparte eso, o su hate contra algo. O estás feliz de todo en tu vida o lo disfrazas odiando el final de Game Of Thrones, qué es malo, sí, pero no viene al caso. Cómo siempre hay mejores personas para hablar de eso. 

Tal vez ese sea mi problema, pensar que siempre hay alguien mejor. Casi saberlo. La humildad se vuelve una maldición. Nunca confiar en ti, saber que estaría mejor en otra piedra de toque. O tal vez sean ganas de no hacerse responsable.

Tal vez sea el mal de esta generación; mentir todo el tiempo, publicar que todo va bien que nuestra vida es increíble. Ver la foto y no ver el entorno. Verla algunas veces y convencerte de eso.

Seguir mintiendo y seguir diciendo que todo bien, transformar el recuerdo. Convertirse en un add viviente. A nadie le hace daño mentir. Excepto a los que saben la verdad, pero a esos no los sigue nadie.