16 de agosto de 2012

Swering Declaration. Por qué las mujeres son el Diablo II

A miedo de quedar cómo un pendejo, pero convencido, no de lo que quiero. al menos, de lo que sé que no quiero, emulo la frase de la que todos se cagan de risa en mi serie favorita, con el otro miedo de que me suceda la misma situación cómica que al personaje al que me aproximo a citar próximamente. Cómo Marshal Ericsen me declaro perdedor en este juego y prometo nunca, bajo ninguna circunstancia volver a jugarlo. Cuando los otros ven el juego perdido en una parte, sucede que lo pierdes en otra; hay los que lo juegan perfectamente, los hay a los que siempre nos termina mal y terminamos llorando cual niñita igual al Rey de Jerusalén contra Saladino.

Que el Rey de Jerusalén podrá decir: "¡Ey! Fui rey de la ciudad más importante del cristianismo" Sí cabrón, cómo por un año, ahora nadie se acuerda de ti o tu nombre, porque la perdiste contra un hombre mucho mejor que tú en todos los aspectos que cuentan para índoles históricos y al que propios y extraños amaban porque se lo merecía, tú eres un dato histórico propio de las circunstancias, pero sin merito tuyo, un producto de la transición de una época a otra, de un éxito de personas que ni te conociste y te pusieron ahí. La verdad es que nada de lo que tuviste fue tuyo, siempre tuviste una deuda de la que nunca te diste cuenta y por ello no pagaste y sólo te intereso el poder por el poder mismo, cómo un perro siguiendo su cola, cuando la tuviste después de darle un millar de vueltas no tuviste idea de que hacer con ella y él único ejercicio de poder que pudiste haber hecho, lo hiciste mal, y todos los que te seguían perecieron por tus decisiones. Un rey imbécil, eso es lo que eres y la historia siempre te va recordar por no saber lo importante que es el agua en la estrategia militar. Cómo un pendejo más, sin ir más lejos.

-"¿Cómo osas tú, pendejo con una computadora casi mil años después, meterte con mi legado histórico, cuándo tú no has hecho nada? Cuándo al igual que yo, estás derrotado en el juego que elegiste. Un juego que por una mujer y orgullo propio decidiste jugar y que tus cualidades te llevaron a perder y ahora chillas cómo yo arriba de algo. A mí me eligieron un burro yo mirando hacia la cola, tu elegiste una azotea, rodeado de clavos para quitarte la vida en cuanto lo decidieras; a mí no me dieron esa opción, yo no podía morir a pesar mis ganas por hacerlo, tenía las manos atadas al poste mayor de un hombre que yo sabía que tomaría todo por lo que yo luché, todo lo que dije amar, todo lo que tenía. Tú tienes la opción de hacerlo, pero eres un cobarde para tomar la decisión, eres un canalla que injuria a hombres mejores que él y se tiene lastima porque no puede jalar del gatillo, porque no tiene el valor de decir que lo mejor que tenía la vida para darle ya lo dió y no vale la pena seguir viviendo. Eres un cobarde cualquiera sin ir más lejos. Te declaras derrotado, porque una vez te dijeron "Ya no quiero, tengo a otro." Si te lo vuelven a decir es por algo, no son las circunstancias, eres tú el que no vale verga, eres tú el que vuelve a perder, eres tú el que vuelve a ver su lugar sagrado en manos de otra persona. Lo que tenemos en común, es que sí la pierdes cómo yo, a otra persona, y sí, esa otra persona, es mejor que tú en todos los aspectos."

Si estoy deprimido otra vez, supongo que puedo decir "I'm back, to the normal place" pero esta vez ya me da mucha flojera luchar por salir.

1 de agosto de 2012

Don't you know you fool?

Por una vez le hago caso a Barney Stinson, aunque sea estúpido tomar una serie cómo modelo de comportamiento, por muchas razones, pero quería probar una teoría de ese mitómano genial y que sabe cómo lucir bien y portar traje con elegancia, así cómo Don Draper o Tony Stark o Bill Parrish o muchos otros. Entonces me pongo el traje, me emborracho poquito y medito. Todo sigue igual excepto que por unos momentos pequeños mi ego sube considerables rayitas, siempre y cuando no intente abrocharme el saco porque estoy hecho una vaca, pero aún así me siento guapo por un tiempo.

Cuándo uso traje me siento en otra época, me siento feliz por dentro, aunque esté ansioso por llegar  a casa y ponerme mis shorts y la playera de Poe. La incomodidad corporal puede ser ignorada, con tal de ese raro y fugaz sentimiento de verme por una vez en el espejo y que me guste lo que veo. Escuchar en mi cerebro a Frank Sinatra, siempre las mismas canciones: Strangers In The Night, un vestido and The Way You Look Tonight, aprehender esa imagen, vaciar la memoria y llenarla con esos ojos, bailar norteño o cumbias, pero pensar que me llevan a la luna con una Big Band...Estoy en es momento, bailo y enamoro a la par de los dos pasos de baile que me sé... was that in my way?

Al final de poco vale mi entusiasmo, soy otro hombre de traje mintiéndose a si mismo, fingiendo un estado de felicidad inexistente, una mentira deliciosa, pero mentira al final. Usar el traje para decir lo que no soy, para esconderme detrás de la sonrisa y el andar desafiante, para no ser yo y cagarme de risa del que se la cree.

¿Quién sabe que hay? Siempre he sido un tipo de buen gusto, y la tele, la política, la música, los libros y demás pendejadas mundanas, no porque crea que los demás no tengan buenos gustos, es sólo que los míos no pretendo que me gustan por disfrazarme, me hacen quién soy, me llenan la vida. Son caros, precios que me dejan vació y con resaca, pero sólo hacen que cuando los tengo los disfrute más, porque a pesar del traje I've Got you Under my Skin.