7 de junio de 2011

Ironia en forma de lluvia

¡Japo! ¡Japo, quiero! TAK TAK TAK ¡Japo! TAK TAK.

Nada. Puto Japo no abre la puerta, del envase continua vacío y el calor sofocante tiene que esperar para ser mitigado; pensándolo bien, esa debió haber sido la primera señal. Un momento crítico en la noche, 10:30, las tiendas están por cerrar, camino hacia la derecha... muy tarde, hacía el frente, cruzando la avenida, llego justo en el momento en que la cortina está tocando el suelo. Mala suerte, mi caguama sigue vacía.

Regreso sobre mis pasos, los pies se tornan color bracero, descalzos ya que después de todo el plan original apuntaba a sólo 15 metros de mi casa.

¡Japo! ¡Japo, caguama! TAK TAK TAK ¡Japo! TAK TAK.

El puto sigue sin abrir. La tienda de la calle dónde vi amanecer con hormigas en mi cabeza me viene a la mente. ¡Let's go bitch! No he llegado ni al semáforo cuando las gotas comienzan a caer, gordotas y agresivas, cómo con ganas de desmadrar el suelo. Lo primero que hago es recordarla, no es difícil, lleva todo el día en mi cabeza, se me antoja un café y su compañía, así nomás. El cabello empapado, la espalda helada y el short otro poco me devuelven a mi caminata, ahora más lenta por el viento. Sin embargo estar mojado me llena de alegría, la caguama ya no es tan importante.. tan, que conste. Al final llego a la tienda, también cerrada y vas pa' atrás. Ya se formaron los primeros charcos que logran lavar mis pies que se tambalean por la falta de agarre, mis lentes ya no me dejan ver nada y termino por quitármelos y confiar en mi poca vista.

Por un costado de un bonito jardín empastado, me distraigo con un perro que se lamenta mientras está refugiado debajo de un auto, la distracción me cuesta resbalar y caigo de puro lomo sobre el zacate encharcado. La verdad es que lo fingí y me tiré de puro gusto...1, 2, 5 minutos con el agua cayendo en mi cara, vuelvo a pensarla, me gustaría que estuviera aquí, para ver cómo el agua se cuela entre los árboles y nos moja la ropa, para verla sonreír, momento de pura algarabía. Por fin me levanto en busca de la razón por la que salí de la casa.

Japo se digna a abrirme y venderme la cerveza. Empapado regreso a la casa con una sonrisa, entro a mi cuarto y pongo música para amenizar el momento. Aún no tengo claro si fue bueno o pura sangre fría, pero la lap escogió Adanowsky para completar el cuadro.

Nunca una caguama me hizo tan feliz.

Ulises Silva.