29 de octubre de 2011

Paseo Diaz Ordaz

Otra vez sabe qué horas de la mañana y el garrafón de nuevo está vacío, otra cruda sin aliviar, sin curar, dijera la gente. Aunque hace un frío así cómo de cagarse, el agua pareciera evaporarse en esta casa, aunque a veces hay, la exageración mi incomodidad me hace pensar que es un evento raro cuando puedo tomar agua, cerveza nunca falta. Curioso que una caguama cueste más que 20 litros de agua. Entonces además de la tos de perro viejo y una cantidad en metros cúbicos de mocos nada despreciable, también tengo que aguantarme la sed.

Escucho algo que me llama constante: agua, en olas, en cascadas, en garrafones conectados a aditamentos que te la dan fría desde el principio. Vallarta llama y a mi me cuesta contestar el llamado, Vallarta que siempre está ahí con camarones en caldito para cuando me siento enfermo y para cuando estoy crudo. Con sus olas, con sus olores extraños, nunca deja de llamar, y yo me sigo haciendo el que no escucha, debe ser la culpa que me hace ignorar llamados tan familiares, siempre a una llamada de distancia y  mí que me gusta el hacerme el desentendido. Tengo unas ganas de jugar a la licuadora y no quiero hacerlo porque normalmente es algo que siempre tengo que hacer sólo. No es que me moleste la soledad, per me gusta que haya pescado sarandeado en la orilla.

Antes me daba miedo ir, porque miraba hacía atrás, lo que dejaba en los cerros cienagosos y pensaba que allá pensaría que no tenía nada por lo cual volver, sentía un cuarto vacío a mis espaldas con nada salvo zancudos llenándolo y cobijas empolvadas, sueños rotos pero sin que los cante Chabela Vargas ni las escribe un tal José Alfredo. Los miedos, cómo los sicarios, también se mueren, ahora me encanta estar acá, uno le encuentra el gusta a lo bonito, a bailar en topes, ver lucecitas y todo lo que te pueda encantar de cualquier lugar en dónde estés. Sin embargo, con la vergüenza me da pena decir que extraño mi casa, despertar con camarones en el plato y mi madre gritando que ya está lo chingón pa'l almuerzo, eso después de una noche de peda que se terminó hasta que el sol dijo, entonces si fue noche y no mamadas. Si no han despertado con el mar sonando o oaxaquitas chingando a su madre con que el coche estorba a su ruta de vender tatuajes de gena o invitarte al parachute, no sabes que es la vida.

Amo Ocotlán, ya puedo decirlo, pero mi casa no deja de ser mi casa.

Ulises Silva.

18 de octubre de 2011

Tribulaciones de un Tonto Wey Imaginario

En una de esas que el cerebro entra en modo Random cuál reproductor musical y se viene un montón de ideas, unas más pendejas que otras pero siempre en aras de buscar una mejor comprensión de las situaciones circundantes y en caso de no lograr dicha comprensión y las cosas sigan siendo un misterio hacer mofa de ello. Cagarse de risa en un ejercicio catártico de sacarse el miedo de la garganta. Soy una persona muy risueña.

Empieza con pequeñas observaciones que alucinan con convertirse en recomendaciones de supervivencia. Hace un año fueron las fiestas de Ocotlán y no dejó de pasar de nuevo este año, es lo curioso de las fiestas patronales en otros lados, funcionan cómo relojito; en Vallarta van de Mayo a Diciembre y nunca entiendo nada, hasta han de pensar que somos ateos todos. Por fortuna para mi adolescente interno eso no es cierto. Fortuna para él porque en primera instancia se volvió ateo en un acto de rebeldía anti-stablishment, luego se dio cuenta que era apostata, pero eso era por sentido común entonces no tiene tanto merito. Las iglesias de por allá, que hay una por colonia, están repletas cada Domingo, pueden dormir tranquilos.

Hace un año fueron las fiestas de Ocotlán y dediqué un par de lineas para quién hoy me faltan las libretas, pero nomas para el implicado. Contrario a la creencia popular de que en fiestas masivas conviene más colocarse a pistear junto a la "gente bien" para evitar verse rodeado de individuos golpeándose unos a los otros o en una lluvia de objetos voladores; una investigación onda Kapushinsky realizada por un servidos ha desarrollado la teoría de que en estadística la "gente bien" (traducida cómo cualquieraquenoseacholo, que van desde fresas a sombrerudos pasando por roqueros y gente con estilo indefinido) se pelea con mayor frecuencia que los socialmente tan temidos cholos, en una razón de 4:1. Desde luego estos son resultados cuantitativos, los cualitativos requerirían números de cuanta gente muere, cantidad de vidrios rotos, litros de alcohol desperdiciado y gente lisiada resultado de dichas broncas de parranda. Probablemente esta investigación nos confirmaría la idea de que los cholos son un asco de personas. En resumen cualquiera se cree gallo (pitcher de sillas, botellas y/o cualquier cosa que se encuentre) después de unas copas (vasos desechables) encima resultado de un efecto de adrenalina de creerse inmortal cómo el que menciona Hemingway acerca de amar a una mujer con pasión.

Otra consideración para cuando estás en las fiestas y hay baños públicos: busca un sitio dónde haya árboles, muchos árboles y poca luz; si eres mujer, que Dios te ayude, igual y lo hace, estás en sus fiestas, o eso dicen los padres.

Y ahora... ¡Ideas sueltas! ¡Yeih!

Sobre el menudo: Es bueno para cuándo andas crudo, no para cuando andas borracho. Cuidado con la velocidad con que te lo comes, es capáz de salir a la misma velocidad con la que entró, pero nunca a la misma lentitud.
Sobre el dinero: No tengo y nunca es suficiente, pero si fuera rico probablemente tampoco.
Sobre los cholos: Les tengo pavor y además están feos y se visten bien gacho.
Sobre el tiempo: Tengo de sobra, pero nunca es suficiente.
Sobre las fotografías: Vuelven a tener sentido al momento de dar sentido a cosas olvidadas o pasadas por alto. A veces tampoco son suficientes, mueren en desplantes de ira o nacen con días nuevos o noches muy añejas.
Sobre panteones: Los vivos les tienen miedo a los muertos y por eso los entierran en criptas tapiadas con cemento e incluso con rejas, temerosos de que el apocalipsis zombie se haga realidad y la gente que se les murió venga a comerles el cerebro mientras duermen. Sin embargo los muros no son suficientemente altos, esperemos que los zombies no sepan escalar y sean babosos cómo en las películas.

Tenía muchas otras, pero se me fueron olvidando por andar de cotorreo, puede  ser que deba hacer esto borracho. Quizás en el volumen dos.

Se volvió a terminar el café.

Ulises Silva.


A los Jóvenes de Ayer

Apropósito de lo escrito " en nostalgia por el presente" que llamó mi atención además de también haber visto Midnight in Paris, con crítica similar. La relación con el blog del serge ha sido muy larga, la primera mencione que me había inspirado para hacer éste. Él dejó abandonado su blog para irse a la brevedad de los tweets, aunque de vez en vez se acuerda de que se pueden decir cosas en más de 140 caracteres y no todo puede ser economía, siempre me ha gustado lo que escribe y lo admiro y lo amo. Nunca había tocado el mismo tema que él, al menos deliberadamente, pero hoy sí lo voy hacer porque se me da la gana, esto sin confundirse en que será regular, tampoco soy su pinche sponsor. Una vez hecha esta aclaración continuo.

Sin ganas de echarle a perder la nueva película de Woody Allen, Midnight in Paris, el que la quiera ver que la vea y el que no, pos no, me parece que toca un tema muy interesante que luego de verla te deja pensando sobre muchas cosas, sobre todo cuando al final se muere Owen Wilson por una patada de caballo luego de enterarse que su esposa estaba embarazada de su hermano, del caballo. El tiempo en que transcurren nuestras vidas a veces es tan poco valorado que ni cuenta nos damos cuando está ocurriendo y para cuando volteas ya pasó. Se usa el presente sólo cómo un recurso narrativo para un tiempo verbal que en la realidad, siendo muy quisquillosos, ni siquiera existe, para cuando terminaron el relato ya sucedió. Creo que a esto se refería con lo de las redes sociales y mis maestros a lo de lo utópico de la objetividad. El tiempo pasa en intentos por regresarlo adelantarlo o detenerlo, en platicas de cotorreos añejos, en expectativas de fines de semana o en fotografías que nos anclen al momento justo de la sonrisa, aunque haya sido fingida, entiéndase la mayoría de las fotos en redes sociales, pero bueno ese ya es otro tema.

Y no, esto no es queja o sugerencia de dejar de hacerlo, es una naturaleza humana que es complicadisimo modificar, por tratar de manejarlo y disfrutarlo ya perdiste el tiempo.

Normal que sea así, te pasas la prepa extrañando la secu y en la secu ya querías entrar a la prepa que extrañas cuando vas en la universidad. A veces. Es nuestra cruz de eterna insatisfacción como raza de la que tanto jode Tolkien en sus libros. Al que se dice satisfecho se le llama conformista y agachón, se intenta que cambie de dinámica "No puedes quedarte bajo ese árbol mientras los demás pasan, no hay tiempo de contemplar el mundo, hay que mejorarlo y seguir adelante". Por eso los artistas se llevan tan mal con la sociedad. Puede que ese sea el problema, la prisa, que correle pa' todos lados porque ya vamos tarde aunque no sepas ni a dónde chingados vas, el chiste es que haya movimiento y de repente ¡Bam! una foto donde no tenías canas ni ojeras marca mapache, entonces es cómo: "Ay, cómo quisiera regresar el tiempo". ¡Oh qué la verga! ¿Quién putas los entiende? A mi se me hace que estar en constante movimiento es miedo de estar solo con tus pensamientos.

Vivir en otra época, cuando no había redes sociales, que según una doctora se hicieron populares por el miedo a las enfermedades de transmisión sexual; cuando no se perdían horas pendejeando en Internet y la gente conocía a sus vecinos. Es extraño ese sentir que siempre ha sido lo mismo, sin importar la era y el diseño en que se presente siempre había formas de perder el tiempo cómo Adel Ortega y su rama.


Cómo que hay mucha nostalgia en los últimos días,debe ser por aquello del fin del mundo, cómo me gustaría adelantar el tiempo al 2014 y ahorrarme tanta estupidez... ya la cagué, otra oportunidad ♫ otra oportunidad.

Por eso de las épocas y su delimitación para evitar confusiones me gustan tanto los Tepichines y sus crónicas con anacronismos, son para estar de buen humor un buen rato. Vivimos presas del tiempo y espacio y aunque hay escapatorias a ellos cómo el viaje de la improbabilidad propuesto por Adam Douglas, todavía no lo inventan ni han construido la Heart of Gold y se joden. El presente es hermoso en el futuro, porque nada de lo pasado puede hacerte daño.

Ulises Silva.

7 de octubre de 2011

Confesiones de Otoño

Zancudos otra vez. A pesar de la costumbre no deja de ser molesto; con la garganta seca es muy difícil hacer ese chasquido con los labios propio de cuando algo está mal y se quiere expresar sin echar maldiciones en voz alta. Luego de un rato el chasquido logra producirse, mal pero sale.  Agua. Nada salvo una variedad de botellas de litro y medio vacias y juguitos robados, en garrafón en las misma condiciones ¿Cuál era el sueño? A veces permanece un rato, sin embargo esta vez el despertar se llevó bien lejos. Despertar crudo luego de un sueño agradable es horrible: la realidad se acentúa, así como los síntomas de la resaca. Una pesadilla era mejor, puede ser fuego y sangre y al abrir los ojos se convierte en algo mejor. Pero no, la sonrisa sonámbula delata.

Los lunes parecen todos iguales, huelen a tedio con 355 ml. de ausencia y cabellos quemados, no llegan al nivel de odio, pero no terminan por gustar. No son buenos días dicen los dichos populares de la gente; aunque también es necesario admitir que también, muy esporádica mente, los hay buenos, este no, pero algunos.

Los lunes. -No pueden estar todos muertos. -Se lo repite constante con deseo febril de que sea verdad. El rugir convertido en añoranza de playa para que no sea confundido por el hambre dice lo contrario. -No pueden estar todos muertos. -Vuelve a eso con terquedad. -¿Qué sentido tiene nada si es así? No es posible, sería un capricho por demás imbecil, no puede terminar así. - Las lagrimas terminan por salir, estúpido libro, que ni siquiera provoca dormir de nuevo. Para un carajo sirve y la palabra se dicho.

Zancudos. No saben nada de días, ni siquiera los lunes en su inutilidad dejan de molestar. Ni siquiera en otoño recién llegado los hace retroceder. Ni siquiera el ventilador prevalece, vencen de nuevo y no dejan dormir.

Después de tantas noches podrían merecer una novela: Piquete en Domingo podría llamarse. Esos vellacos, villanos dignos de una historia cruel y violenta de series de HBO o AMC. Las desveladas no solían molestar tanto, fresco cómo una lechuga solían decir los primos luego de una noche de juerga, con historias épicas de escalar edificios, vomitar cofres de autos, perder zapatos, acoso sexual, incesto y bailes interminables. Fresco cómo lechuga. Los años llegaron con ojeras y dolores de riñón, están aquí, acompañan y se burlan silenciosos de cada dolor de tendón, cada mañana con un gusto a moneda en la gran boca que no deja entrar la luz. Muy pocas sorpresas para menor atrevimiento, pesimismo sonámbulo suelen decirle. ¡Dos muertos de golpe! Surge una voz. Ves cómo no es tan fácil puto viejo.

Cómo Eörl el jovén, los años pasaron echos una furia sobre las montañas, no blancas, verdes en este caso. Ahora viene el sueño de recuerdo antes del mosco despertador, llanuras sin ciénegas muertas que acunen bichos, sin changos ni tucanes, ni camarones gigantes para el caldo de una resaca anunciada. Llanuras y pequeñas colinas apenas perceptibles cómo formas de mujer... ahora se entiende la sonrisa.

Ulises Silva.