Es muy probable que las palabras que escribo ahora se puedan parecer bastante a lineas del pasado reciente, mas no puedo ignorar el arranque de melancolía que me atacó de sorpresa un fin de semana que se suponía como una vuelta hacía mí y mi espacio de tranquilidad. Mi rancho ya no es lo que solía ser.
Primera sorpresa: ya no se puede pistear en el malecón, nueva ley. Una oficial de policía turística nos dirigió una mirada fea, gorda y amargada, ah chinga, perdón la estoy describiendo a ella... Nos miró con sus ojos virolos para decirnos que no podíamos seguir disfrutando de nuestra bebida refrescante, por una ley impuesta un día antes donde queda prohibido consumir bebidas alcohólicas en la vía pública. No es la primera ocasión que esta medida es utilizada en el Vallarta, alguna vez, se utilizó, pero no resultó buena idea. Para resumir cito a Armando Palomas conocido cantor mexicano, en su concierto frente a la presidencia municipal del puerto, mientras ley los carteles pegados en cada poste: "La vía pública no es barra libre. ¿Qué pendejada es esa? La gente viene acá a empedarse, la pinche playa de aquí está bien culera. ¿Cual es el chiste entonces de venir a Vallarta? Desde aquí quiero exhortar a todos decir: A la verga el gobierno." La gente enloqueció y repitió voz en cuello las palabras del folclórico personaje.
Se dice que esta decisión le costó al PAN, partido que estaba en el poder en es momento, perder las elecciones siguientes en el municipio; por si las dudas, el PRI, retiró la ley en cuanto entró en funciones como partido gobernante.
Sin embargo está vez el ambiente no es el mismo cómo para provocar que esta acción sea descartada por el gobierno, de acá sale la nostalgia; no se nota una protesta de parte de las personas asiduas al "male"; gran parte de eso es porque el "male"está solo, sábado en la noche y está casi vacío. Qué lejos están los tiempos en que tomaba dos horas cruzar el centro a pie, con una caguama en la mano, porque debías detenerte a saludar a alguien cada tres metros, también con su respectiva bebida perrona. Por lo que fue lógico la decisión de permitir a la gente tener un pequeñito escape los fines de semana para cotorrear y conocer gente.
Pero ahora parece que no le importa a nadie. La juventud de ahora, prefiere farolear y gastarse millones de dolares en antros donde sólo se va a representar un status que no se tiene. ¿Dónde está la gente con la que yo solía cotorrear? A esto levanto varias teorías:
1.- La crisis económica afectó a mis antiguos compañeros de alcohol, por lo que ya no pueden darse el lujo de ir al malecón.
2.- Sienten que yo no tiene están viejos para salir a cotorrear porque la sociedad dice que a cierta edad ya el hombre se tiene que preocupar por cosas más serias (y aburridas) que el cotorreo.
3.- Encontraron algo más gratificante que hacer. Poco probable.
4.- Se unieron a la vorágine del status falso que mencioné más arriba.
5.- Ya tienen pareja, y como solo salían para ver que agarraban ya no tienen nada a que cotorrear con los compas. Aclaro que no es pedrada.
6.- Ya estoy viejo y no debería de seguir buscando fiesta. Espero que no.
Cómo quiera que sea, no me explico como la gente no puede entender lo sublime que es tomarse un caguamón mientras el mar se estrella contra un montón de piedras frente a ti, detrás está el desmadre de la gente que se estrella contra las banquetas y su propia conciencia pero siguen sonrientes.
Klansman.
No hay comentarios:
Publicar un comentario