Me encontré conmigo mismo en una estantería rodeada de cajitas de color rojo cómo tirando a vino. De un salto de alegría la tomé agresivamente y contemplé en silencio la silueta verde de William Wallace en su versión Mel Gibson y me descubrí recordando a la planta bailarina que buscaba al sol en la noche con una danza bastante ridícula, la arena alunizada y el malecón wacareado. El reproche que se transformó en un autor estridente y contradictorio, se postró frente a mis ojos y me dijo: "Bebe, porque si tus ojos me recuerdan y se bañan de lagrimas de alegría y regocijo, tu estomago y tus labios lo hacen aún más. Porque sabes que me extrañas en tus borrachas avenidas mentales. Porque sabes que una caguama no es suficiente, me necesitas para ofuscar tu sinapsis y pervertir tu lengua. Bebe." Yo dije: "ah que chingón", sonreí de nuevo y pagué la botella.
Bendito suelo escocés.
Klansman.
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