11 de octubre de 2010

Conga.

Hace una semana estaba por las fiestas de Ocotlán y por diversas circunstancias estaba sobrio, ni una ínfima gota de alcohol pasó por mis labios esa noche. Entonces me dí cuenta de lo aburrido que era estar en medio de esa caótica escena; demasiado ruido, demasiada gente, demasiado sobrio; mi presencia en ese lugar había perdido su justificación. Me he puesto a reflexionar en que otras cosas de las que disfruto serán en realidad muy aburridas cuando no pisteo: Ir al cine, a misa, conseguir enemigos, hablar contigo, comer tacos, Spiderman 3... ¿Será que todas esas cosas son en realidad tan sosas cómo Tepic antes del narco?

No quiero pensar que mi vida esta basada en el alcohol, i mean, tampoco es para armar un super drama porque estuve sobrio un misero día del año, pero si puedo decir que me da miedo encontrar con que sólo me divierto en la simplicidad de la borrachera.

Podría decir que la sobriedad tampoco es mala; por ejemplo me he dado cuenta que mientras más pendejo ando, menos entiendo el sarcasmo y eso está jodido, porque el sarcasmo es muy divertido, de una manera muy solemne pero divertido a fin de cuentas, pero para usarlo o comprenderlo se requiere pensar mucho y ser malicioso, hasta hiriente en algunas ocasiones, pero cuando pisteo soy re buena gente.

El silencio no es divertido en la borrachera... creo. En privado es hermoso porque todo sonido se vuelve música y se queda cómo escrito en las paredes, no vuela y choca contra otros en constante puja por posarse en la poca conciencia que le quede al dueño de los oidos. Igual y en otros es al revés, pero a mi qué jodidos me importa.

Después de esto me surge la pregunta de que sí la sobriedad no es en extremo negativa ¿Cuál es entonces la puta necesidad de apendejar al cerebro? La respuesta, me lo parece, es sencilla: prejuicios. Mi cerebro está lleno de obstáculos y trabas, unos más inútiles que otras, para hacer o decir lo que juzgo cómo más lógico y competente a la situación. Tengo el problema de no poder hacer callar esa voz constante y sonante dentro de la cabeza que urge a que tal o cual cosa es peligrosa y es mejor dar la vuelta y buscar otro camino, menos resbaloso. Una vez que ingiero alcohol esa voz se calla y deja de hinchar las bolas.

Acallada esa voz puedo tomar los riesgos y hacer esas cosas tan insignificante que no me permito hacer en la sobriedad: Bailar, hablar, cantar bien recio a jeans, reir en voz alta, amar, correr a alguien de mi casa y decir pepe grillo: Chinga tu madre.

Ulises Silva.



1 comentario:

Anónimo dijo...

el vino puede sacar cosas que el hombre se calla, cosas que debieran salir cuando el hombre bebe agua, lo dijo Alberto CORTEZ Y deberíamos prescindir del alcoholpara externar lo que pensamos o sentimos tk tu mm