Dedicado a Daniela Ramírez, porque entiendo su punto y porque me piache.
Fue sumido en una silla bastante incomoda de un lugar demasiado verde fosforescente, aunque increíblemente llevabas una blusa igual de chinga-pupila, pero tu sonrisa me hacía olvidarlo durante tres quintas partes del tiempo que duramos en ese sitio. Grandota y con los dientes ligeramente manchados por el cigarro, algo nerviosa, mientra yo buscaba la forma de ponerme cómodo en la pinche silla de madera sin cojincito, que era una mentada de madre para mis pompis. Al final no pude y luche ahora por la resignación mientras me empinaba la siguiente cerveza. Sumergidos en la trivial platica del día, del cómo te fue, y pendejadas de esas pasa el tiempo, sin pasar, aunque tampoco molesta. Me miras, te miro, sonríes y bebo.
En un momento de silencio, pido otra chela, pero más fría, la mesera no quiere tanto su propina por lo que se puede percibir. Entonces me dices, no sé si por verdadera curiosidad o en un intento egoísta por subirte el ego ante una anticipada respuesta, "pareciera que te gusta más la cerveza que la compañía." Yo opto por interpretar lo segundo. No niña, conmigo no esperes subidas de ego, estoy pero hasta la chingada de jugar ese rol con cualquiera, también contigo. Entonces se me viene el demagogo que traigo dentro y te tiró un chorote.
Tu comentario no podría estar más acertado, si disfruto más de mi cerveza que de la mayoría de mis compañías, de hecho de cualquier alcohol, excepto al vodka, que en tu caso, le ganas de calle.
Pero no lo tomes a mal, eso sólo un derecho bien ganado por muchas circunstancias. Lo que sí tengo que decir que tienes en común y con mucha competencia con la que ahora sostengo celosamente entre mis manos es tu piel, igual de morena e incitante. ¿Viste cómo al final si te subí el ego?
Podrías llegar a ser más importante, podrías ser una nueva luz, aunque espero que no sea verde; si lograses hacerme olvidar de la depresión, quitarme y provocarme insomnio. Lograras hacerme sentir más valiente y divertido, darme una armadura flamante de seguridad, dejar el aburrimiento para mis momentos a solas y de reflexión. Implorar por poner mis labios en tu boca por lo menos una vez al día, que huelas a vicio y añore estés a mi lado, es más, que añorar sea poco. Qué me hagas decir "Puta madre, qué a gusto estoy." Cuando me hagas olvidar el mañana, aunque de ante mano sepa que no es muy alentador, que no me importe a dónde voy, para qué, y por qué chingados; que me tengas bien pendejo, pero pendejo y no mamadas. Qué me hagas reír por cualquier cosa por simple que sea, que el cigarro sepa más rico y que hidrates mi garganta.
Ese día vas a estar en igualdad de condiciones, sin embargo puedes ser mejor, si no te vas por la mañana y me dejas sólo un dolor de cabeza. Mientras tanto estás en el hoyo.
...
Me miras y bajas la cabeza, me regalas una mueca que no creo que sea sonrisa, sabe que chingados sea, pero sonrisa no es, la conozco muy bien cómo para no identificarla. Prefieres callar ante la sarta de cosas que salieron de mi boca. Al final de la noche tenemos un claro ganador.
Klansman.
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