En sueños aparece y desaparece obligada, provoca lenguas de fuego que salen de los ojos cansados, que reviven sólo para odiar por un segundo. Al odio que llena el pecho no se le permite salir, la apatía lo mantiene cautivo. Se pregunta cómo llego hasta ahí, fue repentino, cómo la explosión de un boiler defectuoso, súbito y se quedo ahí guardado, no carcome las entrañas ni esas mamadas que suelen decir del odio, solo suspira y tira mala vibra, pero deja vivir.
Por fortuna o infortunio, el inquilino nunca recibió semejante visita, así que prefiere mantenerla alejada en un rincón a la espera de que se aburra y se vaya en algún momento y lo deje otra vez vacío, cómo le gusta estar en un habitación dónde sólo se escucha el eco de sus palabras y se hablan entre ellas. Tan fugaz cómo los momentos en que el cuarto está lleno y tirado espera la retirada de algo que no entiende; en una prueba de honestidad, habría que decir que en realidad no entiende nada... cómo toallin.
Si bien podría ser tomado para bien, una fuerza desconocida que aviva el alma y le dice "ponte trucha morro", prefiere no hacerlo, le dijeron que el odio es el del diablo y se lo creyó, mientras aprendía que el amor también. Entonces ¿Para qué chingados tanto drama? Sólo el diablo lo sabe, pero cómo es malo no dice nada, y cómo es sabio por viejo, más que por diablo, se caga de risa. Las palabras dejan de chocar, parece que algo empieza a tomar sentido, las ideas se forman en la pared junto a un cadáver de mosco mutante ninja: El odio tampoco es necesario, es mejor dormir y mañana seguir siendo cínico, mañana burlarse de la vida, mañana no sentir, abandonarse a la ironía y que esta siga su curso.
Bendita Cafeína.
Klansman.
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