23 de septiembre de 2010

Sabe

Me doy cuenta que mientras más pasa el tiempo menos escribo, y me pregunto a qué chingados se debe. Será que ya no me llega la inspiración borracha, qué mis musas andan de fiesta por otro lado, que no tengo cigarros en las noches, qué se me termina el pisto y me quedo con ganas de más, qué no me llamo Javier. Bendito sea el señor de la misericordia. Cómo que hoy tenía ganas pero se me escaparon en una o dos canciones, entonces luego vuelvo a la libreta... pero ya no tiene sentido, parecen garabatos. Siempre he tenido mala memoria se me van las cosas y cuando vuelven se me olvida para que era que servían, cómo los truenos, nomás asustan pero caen rete lejos.

Una vez tuve el atrevimiento de pensar que era importante, me ganó la arrogancia y me tendí sobre el zacate para admirar el cielo, dónde recuerdo que había una nube con forma de tortuga, pero cuando me levante no había nadie allí: Mejor, pensé yo, entonces me prendí un cigarro y volví a buscar la tortuga, pero esta había mutado a una forma rara que ya no podía entender, algo así bien raro y deforme, me volví a levantar, otra vez nadie, el fuego ya casi llegaba al filtro pero no tenía ganas de irme de ahí, por alguna extraña razón me resultaba reconfortante que el pasto me picara en los pies, al menos no eran zancudos. Lo mismo no podía detenerme mucho tiempo debajo del árbol, tenía hambre y ya eran más de las once. Pero me gano la flojera y me quede ahí, entonces la linea anterior no tiene importancia. Es entonces cuando pienso lo reciclables que son las personas, lo mismo yo, no sé si eso es bueno o es malo. Si creo que es natural, nadie es irreemplazable, pero si es raro darte cuenta de lo poco que importas, lo chiquito que puedes resultar, no es cómo para hacer un drama, pero si resulta incomodo. Es lo malo de las expectativas.

Ulises Silva.

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