Yo tengo un pez que vive en su pecera justo junto a la ventana, pero no tan cerca de manera que se caiga si hay mucho viento. No soy biólogo y el conocimiento de los tipos de peces nunca ha llamado mi atención, por lo que no sé que clase de pez es el mio. Si quisiera entrar en detalles diré que no es un tiburón ni una anguila; tampoco es un pez payaso, porque no se parece a Nemo o a su papá. El pez es azul con tres franjas verticales amarillas, y sus ojos recuerdan a los de una serpiente, un poco, tampoco tanto; si fuera así me daría miedo y rompería su pecera para que se muera lenta y desesperadamente y así no tenga que volver a mirar esos ojos infernales. Hablar de serpientes me complica seguir escribiendo, me da la impresión de que escucho a un bicho de esos a mi espalda y me quiere morder los pies y entonces ya no voy a poder bailar.
Le iba a poner nombre al pez, pero como no escucha lo que está fuera del agua o sabe leer me pareció un gesto muy imbécil además de inútil. El hecho de tener cómo mascota a un pez me parece por igual inútil, pero me sentía solo y un perro es muy caro, un gato muy peludo o una iguana muy ilegal, además de que muerden bien duro; entonces un pez será, dando vueltas en sus 150 centímetros cúbicos de agua clara, sin ningún adorno, lujos que no me doy, no se los voy a dar a un misero pez sin nombre. Mira y olvida, luego nada sin parar hasta que lo alimento cada vez que me acuerdo. Se supone que lo compré para admirarlo, por eso es bonito, pero la mayor parte del tiempo se me olvida que lo tengo.
El azul y el amarillo embellecen un poco la empolvada ventana que siempre me ha dado pereza limpiar. A través de la pecera el mundo tiene un aspecto retorcido que lo hace parecer gracioso en cierto punto, la sangre del alcoholizado chófer deja ser macabra.
Él es sordo del mundo fuera de la pecera, o eso creo, cuando grito debajo del agua sólo se perciben las burbujas que rozan las orejas que no me dirían nada si no fuera yo mismo el que gritó, pero fuera nadie me escucha. Por lo tanto no creo que él me escuche cuando le restriego su limitación de espacio. Ah iluso de mí que no entiendo la ironía de la situación.
A veces me siento mal por tener un ser vivo cómo objeto de decoración que ni volteo a ver, sólo el sabe si se dará cuenta que su vida cuesta 20 pesos más la pecera que bien podría ser una jarra de cafetera. Nunca podré ser director de una perversa corporación, al menos no sin sentirme culpable. Soy sólo un tipo con un pez ignorado que mira y olvida y luego nada.
Ulises Silva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario