"Any dog under fitty ponds is a cat, and cats are pointless."
Ron Swanson.
Hace aproximadamente seis meses se perdió mi perro el
consentido. Tengo otro, al cual también adoro, y muchos dirán que es mucho más
lindo porque causa una ternura imposible de resistir. Y sí, es cierto, cuando
se me queda mirando es imposible que no sonría y me obligue a rascarle la
cabeza. Pero no es él, cómo él no era Tango, ninguno puede ser Tango.
El día que se perdió hubo una tormenta terrible, tal vez era
un augurio de que los días posteriores serían horribles.
De todos los perros que tuve sólo a Tango le tocó su texto.
Doby se fue con ganas de cagarse en mi cama una última vez, pero ido está.
Luego llegó a la casa, Luego se le quito lo feo, Luego se murió. Petróleo era
una bola de pelos hermosa, era surfo y le encantaba sacudirse la sal y arena al
lado de señoras gordas, sólo por eso merecería algo; pero no lo tuvo. Ese Bóxer
era distinto. Fue mi salvación.
Tengo una afición boba de poner nombres bobos a las personas y
cosas que me rodean, es mi forma ranchera de amar y odiar. Puede ser Dagoberto,
Matea, Huberto, Nanatoña, Elena, Doña Seca, Doña Angustias. Decía Jaime
Lannister que nombrar a los caballos era tonto porque te crea un vínculo con
algo que no tarda en dejar de esta ahí. Ese tipo es un idiota. Nombrar algo es
meterlo en tu vida, es abrazar su existencia, es la forma más natural que
encuentro de relacionarme con algo. Alguien puede tener su nombre, pero me
parece mucho más divertido bautizarlo.
Este perro era YOLO. No se llamaba así por la frase que
estuvo de moda. Bueno sí, pero no, Era YOLO porque fue con el primero que
levantó la cabeza después de una mala vacuna. Era YOLO porque así le gustaba
correr cuando tenía ocasión.
Era ese su nombre porque nunca se quedaba en eso, los nombres
no son estáticos, un nombre tiene que contar su propia historia y es cambiante
y lo divertido de eso es seguirlo encontrando. Igual estoy muy traumado con “El
Nombre del Viento”, puede ser.
Él era YOLO, era SWAG, era mi perro.
Era mi razón de cantar la Marcha Imperial para que se enojara
y me tirara de mordidas. Fue mi rescate en un momento muy jodido de mi vida,
cuando estaba en momentos que pensaba que no había razón para despertar. Darle
de cachetadas y morderle las orejas me hicieron regresar del lado oscuro.
Tal vez ponerte ese nombre fue una premonición fea. Pero te
amé un chingo. Espero que dónde estés, estés bien.
Ulises Silva.
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