15 de febrero de 2018

Las Ciudades.

"How many years can a mountain exist
Before it's washed to the sea?
How many years must some people exist
Before they're allowed to be free?
And how many times can a man turn his head
And pretend that he just doesn't see - the answer
The answer, my friend, is blowin' in the wind
The answer is blowin' in the wind"
Bob Dylan, Premio Nobel de Literatura 2016.

Siento una responsabilidad muy grande por hacerte sonreír, aunque sea jodiendo.

Siempre estoy diciendo que beber es mi manera de escribir, pero también estoy buscando cuál es el balance. En la promo de al salir de la chamba sólo estoy feliz de ser libre, en la cagua con el pri sigue siendo demasiado pronto y en la caminera me tengo que concentrar en manejar, también la voy componiendo, pero al final siempre se me olvida. Llego a la casa y la música me alegra tanto que me distrae y lo olvido, entonces agarro la primera del refri.

Creo que dos son el balance, todo mundo mama el tres, pero a mí me gusta el dos. Three is a crowd. Las multitudes me ponen nervioso, prefiero la intimidad de los susurros.

Darte cuenta de tus sentimientos por alguien es siempre una experiencia medio cabrona. Puede provocar una paz enorme o una sorpresa que te cagas de miedo. En mi caso darme cuenta de que tengo sentimiento es bastante shokeante, según yo, ya estaba curado de espantos. De por sí mis habilidades sociales de mera interacción diaria con la gente que me rodea resultan mucho muy incomodas, no digamos las de un tipo más cercano, por eso termino asustando a pobres mozuelas que trabajan en clínicas de rehabilitación.

Pero entonces llega ella, así muy a las mátalas callando, un día cualquiera de enero, muy en lunes para darme cuenta. Muy lejana para hacer el close up que se merecía. En fin, estaba en la playa, eso siempre me distrae cómo gatito con luz de láser.

Pero luego la empecé a conocer.

Labios rojos, rojos muy rojos que dibujan una sonrisa que seduce, al tiempo que esconde una amenaza, muy velada, pero existe. Una voz. ¡Que vos! Aunque siempre con somethingitis es la cosa más bella que he escuchado, tanto que me hace olvidar lo mucho que odio los audios de whatsapp, con ella siempre quiero más. Puede que era eso su amenaza, puede que esa fuera su advertencia: somos, pero no estamos. Lindo pero triste. Y al final los japoneses me ayudaron a entender la terrible belleza que hay en la tristeza.




Y útimamente pienso en mucho en una canción de José Alfredo (el triste ideal) cómo algo profético. Pero ese vato lo veía todo mal.

La situación no es para nada ideal. Pero estoy tratando acallar a mi lado pesimista, ver sólo las cosas bellas cómo ella, cómo sus pendejadas, cómo su sonrisa. Cómo hace que no me importe. Pero bueno igual y al final sale todo mal. 

Pero dijimos que no había camino, entonces…fuck it.



La verdad es que estoy muy oxidado, mi cuerpo cada vez está más cerca de hacer click con mi alma vieja. Entonces por eso se nos vino un experimento raro. Y también un regalo retrasado.


No hubo gardenias, pero algo hubo. Espero haya más.

Ulises Silva.

 

1 comentario:

Mar sarmatz dijo...

Eres extraordinario provocando sonrisas y ganas de más.