En vista de que no ha pasado nada así como interesante, salvo beber whisky y café como loco, me senté a pensar... Y luego me paré porque era medio aburrido, entonces fui con "cuantos" y mientras me recetaba un rico taco de bistec pasó algo. Me puse a recordar una situación que viví hace algún tiempo.
La sociedad y sus normas nos hacen tomar ciertas posiciones y actitudes hacía con los demás; no puedes andar por ahí, como dice Bárbol, diciéndole quién y cómo eres a cualquiera que se te cruce. La sociedad dice que mostrarte transparente te vuelve un blanco fácil para cualquiera para un montón de gente que podría usar eso para quitarte de en medio si le estorbas... uy que miedo!! Entonces te vuelves una persona que eres, pero sólo como la imagen que quieres proyectar, ocultas tus defectos lo mejor que puedes, tus ilusiones e incluso a veces hasta tus virtudes, con tal de tener el control de como te ven los otros, porque sabes que lo que puedan llegar a juzgar no es tan tú y entonces puedes fingir que no te importa lo que piensen.
Una muestra pero bien extrema de eso es la razón por la cual escribo hoy. En los bules, tables, antros de perdición o como gusten decirles las mujeres que trabajan ahí cambian hasta el nombre. Cosa totalmente entendible dado que su situación es complicada. Al estar desnudas, o casi, su persona está totalmente expuesta a los juicios de todos los asistentes a este tipo de lugares, también a los que no asisten, el nivel de vulnerabilidad es mayúsculo; esto si se toma en cuenta que vivimos en un mundo visual, donde se juzga todo por lo que se ve y se le pone una etiqueta. Es por eso normal que busquen un escudo para ellas, si ya se conoce la totalidad de su cuerpo, el cliente no puede acceder a su persona interna, a quien está debajo de las toneladas de maquillaje, las tetas de silicona, las pequeñas prendas y las actitudes intencionalmente exageradas. No hay paso más allá de lo que la vista, siempre engañada, puede reconocer. Su trabajo consiste en sentarse en las piernas de desconocidos, intercambiar palabras, eso durante bastantes horas, con quien sabe cuantos, no pueden menos que fingir para que nadie se de cuenta de quienes son. Esto no es una regla general.
Cuando yo era joven e inocente y hacia todo lo posible para aparentar no serlo, conocí a una de estas mujeres en uno de esos lugares. Una chica que no era muy bonita, pero sí desparpajada y muy alegre, se disfrutaba un madral su compañía. Conforme pasó el tiempo, después de conocerla volví muy seguido, me dí cuenta que ella era muy distinta a las otras, parecía en momentos que no fingía, había instantes, pequeños al principio, grandes después, donde se mostraba natural; alejada de las luces de neón, los tubos cromado y el aire viciado, parecíamos en otro sitio, platicando de cosas ajenas al lugar donde estabamos, salvo por ella sentada sobre mí con una tanga negra, cosa que he de confesar también olvidaba frecuentemente. Sentía algo, no era pura atracción sexual, que sí sentía, pero había algo ahí más profundo, era distinto y aterrador, les parece familiar. El miedo me invadió recordé las convenciones sociales, sus caretas, ella bien podría estar fingiendo para que siguiera pagando tragos de vodka tonic con un toque de jugo de piña o solo intentando hacerme sentir bien tal cual era su trabajo. ¿A quién podría pedir consejo? Sólo veía a alguien apuntándome con el dedo y cagado de risa: "Te enomoraste de una puta, jajaja" Mis miedos pudieron más y reprimí lo que sentía, según yo con el pecho lleno de orgullo de ocultar que había sido vulnerable a ella.
Recuerdo nuestra última conversación,yo muriendo de celos mientras ella estaba con un cliente. Terminó con él se dirigió a nuestra mesa con una enorme sonrisa y me dió un abrazo muy cálido antes de sentarse en la silla de al lado.
-¿Por qué no me marcaste? Estuve esperando.
-Es que no sabría que decirte fuera de aquí. - Esperaba que ella se diera cuenta del miedo. No paso así, su mirada cambió, sus ojos se volvieron hacía abajo, tristes, ausentes
-Yo sólo quería ir a cine contigo. No le doy mi teléfono a cualquiera ¿sabes? En verdad me gustabas.
Me dio un beso en los labios y se fue. Sus ojos decían: "pensé que eras distinto"
Nunca volví a verla y nunca he vuelto a un lugar de esos.
Ulises Silva.
1 comentario:
Sin duda una de tus mejores entradas, me encantó.
La narrativa es buena y la historia bella. Me gusta tu honestidad amigo. Ana
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