30 de mayo de 2011

Animas, que no amanezca

En días pasados me la he pasado despotricando contra lo que le hacen a mis costas, el enorme dolor disfrazado de coraje para decir que es una putada que dónde vives no sea para ti, que te roben el atardecer, el momento más chingón del día. Pero el otro día en la cabeza me brincó, cómo un letrero florecente de bule barato, la palabra congruencia. Con eso del que el buen juez por su casa empieza miro hacía la mía y en cosas que no había pensado, o a quien podría molestar con mis palabras. Sólo pensé en políticos y empresarios hijos de puta, en la ciudadanía apática y agachona y en mi propio encabronamiento... hay algo más cercano.

El ingeniero Donaciano Silva Gutiérrez, nativo de Mazatán, un pequeño pueblo nayarita (sí, nayarit si existe), salió de un valle hondo, dónde sólo es bonito en septiembre, rumbo a muchos lugares, dónde creció, jugó Basquetbol, se dejó crecer el pelo, se lo cortó, soñó con ser militar, pero recapacitó y se volvió ingeniero en el Instituto Politécnico Nacional, única cosa que no odia del Distrito Federal. El ingeniero caminó de aquí para allá con su filosofía de nunca pasar desapercibido gritaba "¡Eyyyypaaa Borrego!" dónde quiera que se parara; siempre prefirió los caballos a los autos, hasta que se enamoro de su camioneta azul, para sus adentros sigue deseando un caballo. Hombre apasionado y bigotón, todo lo que hace, lo hace con huevos, cómo si le fuera la vida en ello, siempre se ha manejado así, trayendole muchos amigos y no pocos enemigos, dudo que a estas alturas vaya a cambiar algo. Siempre fiel a sus convicciones, paranoias y su gente: "Los demás que chinguen a su chingada madre" (sus palabras). Flaco cómo lombriz parada se fue con una chaparra morena que conquistó a ver el mar de cerquita y bailar con ella al ritmo de la tambora.

El mazateco se preocupó por proveer a su chapurranga y los dos monigotes weros que le salieron. Una vez le preguntaron a esta mujer cuanto le pagaban por cuidar al par de rubios que jugaban a perseguir quién sabe qué en el parque, dato curioso y racista. Dónde lo llamaron el ingeniero fue, para gritarle a quien tuviera en frente y abrazar al que tenía a su lado, hasta que un día regreso a las costas, muy diferentes de cuando recién llegó. Se encargó de echar losas sobre la arena, de levantar el muro cegador, todo por su familia, clausuró la playa por los que pagan estas palabras mal escritas. Cambió el horizonte para poner camarones en la olla, cuartitos en el refri y carne en el asador. Él es parte de lo que estoy en contra, pero me tiene aquí sentado frente a una computadora y una cafetera para animar mi día.

¿Cómo puedo reclamar cualquier cosa? No es pregunta retorica, de verdad no lo sé.

Ulises Silva.

2 comentarios:

Unknown dijo...

Ahora eres rubio mijito, andas malito de la creatividad

Ulifunk dijo...

Jajaja, era rubio, tu viste las pruebas no estoy mintiendo, lo juro jajaja. Y sí ando medio bloqueado.