21 de abril de 2010

Café de media tarde.

Las tijeras apenas logran romper la lata de aluminio Modelo que el cholo decidió compartir después de un viaje estresante, el susto me hizo romper el último cenicero que me quedaba y ni modo de arruinar un arduo trabajo de limpieza con la los restos del cigarro sobre el suelo brillante. Exagero cuando viene el silencio, pienso en hielo e inclino mi vaso hacia la derecha para tratar de mirar justo donde se la puerca tuerce el rabo. Pasos y sonidos de teclas inundan la casa, un gato maúlla cerca del mango, pero él se niega a levantarse de la cama, parece que los años por fin han llegado, cuenta sus historias y calla de pronto cuando menciona el juanacastle, allá lejos en la mesa, donde las horquetas le entretenían, mucho antes que los machos, menos pensar en un tractor. Siente su vida extinguirse y le ruega a un dios en el nunca creyó en realidad.

Pero todavía no es hora, se dice a sí mismo, por mucho que lo invoques, todavía no. Malagradecido hijo de nadie, salido de los rastrojos y cochinada de vacas, que antes fueron gordas, ahora ya casi ni se ven.

Homenajé a Moon-Ra, el inmortal.

Klansman.

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