Una de las cosas que menos me gustan en este mundo es hacer las maletas. En un momento de nostalgia, no soy un tipo de viajar, y si lo hago prefiero hacerlo sin maleta. Empacar es algo que me pone nostálgico y triste, pero ahora sí tenía que hacerlo, porque me vuelvo al mar, al mar y los cerros verdes, con cascadas que te arrancan la cruda con lo helado del agua, clara que te puedes ver los pies mientras sueñas con otro día junto a las costas y no tener que volver a partir. Pueden más mis ganas de bañarme allá que mi tristeza de hacer las maletas.
Mientras doblo mis playeras pienso en mi último día del año en este rancho, tan amado y tan odiado, tan extraño después de tanto tiempo, que me ha sido hostil desde el principio y que me ha abierto sus brazos para gozar en él. Nunca cómo ahora me sentí tan lejos de casa y con tanto miedo de irme. Tantos recuerdos que pasan por mi mente y me digo que acá no voy a volver después de la última vez, en un año o un poco más. Tanta gente, tanto amor y tanto odio, tantas miradas encontradas y perdidas, todo eso me hace por un momento desear no irme, pero acá todo queda vació en cuanto se termina el semestre, lo mismo que mi closet, además me espera un océano de alcohol y muchos reencuentros, ya casi los espero con un dejo de desesperación.
Otro océano me espera, uno al que hace un par de meses le hice una promesa que no voy a poder cumplir. Ah pacífico, el amor más profundo que tengo en mi corazón lo siento por ti, el primer sonido del que tengo memoria es el de tus olas reventando, no, acariciando la arena, nunca me lo he podido sacar del cerebro, por eso me gustan tus caracolas, cuando estoy lejos puedo escucharte, son como un buzón de voz, me fuí a la mierda con esa metáfora, pero pues ni modo. Pacífico en tu nombre llevas mi calma y en tus sonidos mis desvaríos, me has visto en la mejor de mis victorias, en el mejor de mis momentos, fuiste testigo privilegiado del recital que recibí una noche de una de tus caracolas, tan hermosa e irrepetible. Nunca has visto cuando soy derrotado, el momento siempre ha sido lejos de ti, pero me has visto con la resaca de mis apabullantes reveses. En los funerales te prometí que no me ibas a ver triste la próxima vez, si no feliz, sí tranquilo y en espera del sol, no voy a cumplirlo, sigo triste, aunque si te sirve de algo, mi tristeza esta más tranquila.
Sólo voy a pedirte algo, estas fiestas voy a divertirme contigo, voy a bañarme desnudo en la noche, voy a comer un pescado sarandeado y me voy a sarandear en la arena con una botella en la boca, voy a reir hasta que me duela la panza, vas a verme feliz, cómo siempre me has hecho. Ya no estaré nostálgico por hacer las maletas.
Ulises Silva
1 comentario:
Hacer las maletas puede ser buena terapia psicologica para guardar los recuerdos y colocar las cosas en su lugar, al igual que tus sentimientos y tus objetivos, a mi me sucede y me gusta hacerlo o también limpiar tu cuarto, es como ordenar las prioridades, guardar el pasado....
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