Por segunda vez en poco tiempo, nos sentamos frente a ti a lanzar improperios, mentar madres y pedirte que escuches nuestras palabras. No creo que ningún otro dios, sólo en ti. Porque eres el dios como siempre he pensado que son los inmortales, ni piadoso, ni furioso, justo y la justicia no tiene rasgos humanos, vas más allá. Parados, mirándote a las olas, cada uno pensamos dentro de nosotros mismos en que es lo que queremos que escuches, casi una plegaría. Callados te imploramos lo que tenemos y lo que tu puedes decirle a quién queremos que nos escuche, otro humano, dos mujeres, tres, un país, cualquier cosa, pero nunca otro dios.
¿Por qué creo que nos escuchas? Porque tu no abandonas, cuando los otros se ponen detrás de una montaña de inclemencia, solo esperas que las cosas continúen con su curso natural, como un río, ya le llegará su momento de llegar al mar, o no, pero está en su destino. Entiendo que he dramatizado de más todas las cosas, no sé si acaso sea muy tarde, pero ya lo entiendo. Sin embargo estoy fastidiado de mí, ya estoy cansado de escucharme, es por eso que ahora te pido que no me escuches, sólo tolera mis desvaríos, no te pido que me escuches, solo veo tus uñas y tus oídos están muy lejos. Ya no me importa, opto por abandonar mi cuerpo y buscar tu alma en mis sueños. Ulmo, sé que no te importa, porque la verdad es que a estás alturas, a mí tampoco.
Ulises Silva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario