20 de enero de 2010

Oda a un viejo muerto.

Estaba el otro día bien pinche aburrido y que me habla el Joaquín por el messenger: wey vamos a Sayulita; ante la perspectiva de aburrimiento que me cargaba y que hacía mucho que quería ver a ese loco, pues decidí que era buena idea ir a cotorrear al rancho ese. Pero cómo que este loco cambió de opinión en cinco minutos y me dijo que siempre no, que mejor fueramos a perder el éstilo al Wing's Army del centro porque había 2x1 en las chelas. Y cómo desde que abrió no había puesto un pie en ese sitio y la chela barata no se rechaza, me dispuse a ir con este cabrón. Al entrar casi me pongo a llorar como vil niña y a moco tendido, aunque eso más por una pinche gripa que me cargo desde Yelapa.

Para los que no sepan, el Wing's Army del centro se encuentra en un lugar donde antes solía estar un bar histórico de mi rancho, el "Viejo Vallarta". Otra vez, pero más atras, cuando yo era joven y... bello no, pero sí inocente, pensaba que sí querías salir a los bares en Vallarta te debías vestir así como bonito para que dejaran, que camisitas, que zapatitos y mamadas que los que me conocen saben que no soy de esa clase de disfraces, pero entonces vino un día mágico. Yo venía de la playa bien concha, cuando a la hermana del Che se le metió en la cabeza que quería ir a cotorrear, cómo yo era jovencillo y ella muy bonita, se aprovechaba de eso para usarme de taxi, pues quería que yo también fuera. Sin embargo yo dudé, tenía 15 años recién cumplidos y estaba hasta las pestañas de arena, un short secado al sol, pero con sal y una playera pero super apestosa. Pero cual fue mi sorpresa cuando me dejaron entrar sin un pinche pero, hasta con gusto. Me enamoré instantaneamente, un lugar que me aceptaba como fuera, tuviera la edad que tuviera y cómo me diera la gana vestirme, me aceptaba mientras me gastará mis pocos o muchos pesos ahí, cualquier parecido con una relación humana es pura pinche coincidencia.

Así empezó un torrido romance que duró años y años, bueno 6, tantas cosas que pasaron ahí, no vendían negras, pero ah (suspiro)... de cuantas negras me enamoré y me desencanté ahí, siempre sin zapatos y sin peinar. Mi cumbre en la vida social, Ulises fiestón nació y murió en ese lugar, escuchando i'm waiting for your love incontables veces, como el himno de mi vida, que pinche bonito, todo un mundo en un lugar pequeñirto donde de pronto me sentía libre.

Cuando me dijeron que había cerrado se cuenta entre las tres peores noticias que he recibido en mi vida, se iba a convertir en otra cosa, mi santuario pasaba a ser así como un Mcdonnal's para "mayores de edad", te maldigo globalización. Me impresioné cuando luego de que el mismo güero que me dejó entrar hace siete años y subía la ahora desconocida escalera; el primer acorde que llegó desde arriba fue el de aquél himno de mi primera juventud, i'm waiting for your love, sonaba en la misma desentonada pero carismática voz del vocal de obertura ¡la misma pinche banda, que vendidos hijos de puta! El mismo mesero que me atendió en un cumpleaños feliz, me trajo una cubeta de negras bien helada, bueno algo positivo tenía que haber acá. Eran las mismas personas pero ya no olía a requesón.

Me hice la grosería de entretenerme en observar las diferencias: donde antes había una divertida advertencia que decía "las drogas the buelbe vrutho" ahora había un casco militar colgado y adornado con acerrín. Dónde antes había un cuadro de la conocida foto de Villa y Zapata en la silla presidencial, había un afiche de un militar gringo armado hasta los dientes, está diferencia si me dio coraje bien cabrón. Donde solía bailar, que en pocos lugares lo hago, donde Angélica puso mi mano sobre su cadera y Brisa me robó un beso, ahora era imposible abandonarse a la música porque había ahora una mesa en el puro centro en la cual unos alegres comensales disfrutaban de unas alitas de bufalo, !Qué mamadas son esas! Donde fui con Viridiana a ver las olas tomado de su mano y en silencio, gracias a dios, ahora había un letrero, letrerote, de Heineken con una luz chingalavista verde chillón. El momento en que Melissa me sacó una foto quedaría para siempre encerrado en un baño de damas, antes decía viejas y era tan grande. Vamos, ya ni el pinche chiquigruppie tenía donde pararse a alentar a la banda.

Mientras estaba así en estado contemplativo, que llega la Denisse, chingue a su madre, otra regresión, más mamona. Esta morenita de cabellos ensortijados, mucho, unos ojotes bien enormes, y un cuerpo que ahora está barbaro, pero bueno que me bateó hasta el otro lado del cerro cuando estaba en ese lejanisimo primer semestre de prepa, lo mismo ni atención le puse a lo que me decía, porque estaba pensando en cuanto había cambiado desde entonces y hasta ahora. Cuando el viejo me abrió las puertas y yo quería cineasta y/o filosofo, mis sueños cambiaron, pero no mis chanclas, eso más bien un berrinche; de todo eso solo puedo pensar es que estaba chavo y se me hacía fácil.

Ulises Silva.



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