Hay cosas curiosas que pasan conforme pasa el tiempo, situaciones que puedes ir atesorando bien al fondo de tu memoria, de manera que se puedan tomar determinaciones a situaciones similares en un futuro hipotético. Sin embargo también hay información que no te sirve de nada, es de eso de lo que trato de escapar, al menos por un tiempo, pero ya me estoy desviando. Yo quiero hablar del alcohol, hoy de eso.
El alcohol y sus efectos, el alcohol y sus sabores. Para algunas es una krimptonita, para otros una manera de pasar el tiempo, una marca de estatus, o simplemente un sabor para disfrutar. Lo mismo que ocurre con la comida puede pasar con el alcohol, depende del antojo y del estado de animo. Una cerveza puede saber a gloria en un día soleado junto al mar o nada sobre el balcón de una casa en el infonavit 2. Puede alegrar la vida cuando estás con tus compas cantando canciones de viejitos, combustible de nostalgia, o a deprimir cuando estás solo y sin nadie que te abrace en tus delirios de borracho. La vida del alcohólico es difícil, no es bien visto desde el punto de vista social que una persona se la pase alterando su estado de conciencia y respuesta.
Pero beber no me parece que sea algo negativo, si sabes manejarlo y no andas haciendo estupideces, como marcar a altas horas de la noche a quien es la dueña de tus suspiros o llevar serenatas que ni se entienden, iniciar una gresca, manejar, ponerte a llorar a moco tendido, bueno eso si estás solo no hay tanto pedo, pero mientras se mantenga alejado de este tipo de actitudes está todo bien y no hay porque pensar que el alcohol es el diablo. Por el contrario encaminado a la alegría provoca un sentimiento de euforia elevado y muy placentero, inhibe los bloqueos sociales de sentirse feliz por la vida. Entiendo que mucha gente es probable que no lo necesite y los felicito por sentirse felices sin tener que brincarse a sí mismos.
Hasta ahora, luego de varias borracheras iniciadas hace una estación el alcohol me ha dejado una cruda moral impresionante, es curioso porque no he hecho nada de las estupideces que enumere arriva, pero lo mismo me siento culpable porque no me ha provocado la alegría que solía provocarme, es así como diferente, no me atrevo a no llamarla alegría, pero es más bien cómo una ausencia. El tratamiento no ha resultado de todo reparador cómo me gustaría, pero tampoco ha sido en vano, por lo menos se que no voy a cometer errores sustanciales, algún que otro desliz insignificante, por el momento todo carece de un sustancia, excepto el alcohol que logra distraerme un par minutos, pero los despertares son muy incomodos.
Ulises Silva
No hay comentarios:
Publicar un comentario