28 de abril de 2011

Esto sí es de compas

Para matar el tiempo en lo que me pongo lo suficientemente ebrio para dormir feliz, pienso en la nostalgia que invoca la gente, no cualquier gente, el Serge. Sin embargo, ¿qué nostalgia puedo invocar qué no haya invocado en otro tiempo?

En la sala de mi casa solo hay tres fotos que puedes ver, la foto de mi padre cuando era militar, una foto de mi abuelo cuando era niño, donde está junto a una vaca y otros tres chiquillos que no tengo ni puta idea de quién sean y otra donde estamos Ana el Bazuko y yo, tomada en un concierto de plastiko, uno de los tantos a los que fuí, y ellos también.

Esa foto tiene una historia curiosa; mi mamá le pusó ahí por desconocidas razones, un día volteé y ahí estaba, una vez vino Melissa y no le pareció que la foto estuviera ahí, yo en mi mandilonez mandé quitar la foto y pusieron una en su lugar donde yo estaba con ella, con Melissa, dándonos un beso. Cuando nuestra relación termino yo mismo rompí a foto, la de Melissa, y el espacio quedo en blanco, cuando regresé a Vallarta tiempo después, por desconocidas razones otra vez, estaba la misma foto dónde estábamos Ana, el Bazuko y yo, tomada en un concierto de Plastiko, uno de los tantos a los que fuí, y ellos también.

Al principio, esa foto me provocaba el pensar que no debía confiar en nadie, "el sabor de la traición" la llamaba, después de la usaba para bajarme ele ego cuando andaba volado, para burlarme de mi mismo, "Que pendejo eres mi buen". Ahora la veo y también me río, pero ya no es con rencor, tampoco con sorna, un poco de mi, sí. La vida es así, lo que hoy importa, mañana ya no y todos los dichos acartonados que puedan surgir. Lo importante es parte de crecer, dicen, es porque el tiempo te vuelve un insensible y ya nada te importa, digo.

Miro esa fotografía hoy y ya no hay rencor, miro esa fotografía y veo a una niña con su mochila de Bob esponja y su playera amarilla, a un enano que me decía que lo levara por caguamas y después quería madrear a Rulas, me veo buscando una moneda, veo también alguien que sostuvo mi mano mientras estaba triste, alguien que sostuvo mi cabello mientras vomitaba de borracho y mariguano. Veo amor y veo tres personas que ya no existen, salvo en esa fotografía donde estamos Ana, Bazuko y yo, tomada en un concierto de Plastiko, uno de los tantos que fuí y ellos también.

Ulises Silva

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