10 de abril de 2011

La vieja está en la cueva

Quiero que llueva, miro al cielo y no hay una sola nube, nada que tape el sol que se la lleva muy cómodo. ¿Él qué sabe de la vida si no llueve en sus tierras? Por ahora nosotros tampoco sabemos tanto. Deberían bombardear el cielo o bailar en invocación a Tlaloc, Poseidón, Aquaman, o el que sea, que sepan que los queremos a todos y nos manden unas gotas por lo poco. Tengo ganas de escuchar gotitas en el techo, una tras otra y luego otra, oler la tierra mojada mientras pienso en sin sentidos. Está demasiado seco, áspero; tengo el presentimiento de que podría pulverizarse al tacto, cuál muda de cangrejo sobre una piedra. Extraño el agua que cae, la que sube no tanto, siempre está de mal humor, cómo hirviendo en una cólera que no entiendo de dónde sale.

Quiero que llueva, mojarme la cara y los hombros en lo que miro caer las gotas; pero me da miedo. Con eso de Japón y sus problemas adicionales a Godzilla, que tal si es radioactiva y me da cáncer y piense que al final ni siquiera fueron los cigarros y fumé menos de lo que quise. Extraño al agua que en un gesto de egoísmo ella no me recuerda, ni a mí ni a nadie: no extraña besar la tierra que no deja de lado la ternura, tampoco que el pasto la reciba en un abrazo. El agua parece que nos olvido y vive feliz en el aire. Algo nos sabrá que nos ignora, que prefiere llevarse con las nubes y su frió; que nos mata de a poco, si no de calor (pinche gente exagerada) sí por la peste; a otros, porque yo fumo y por tanto no huelo nada, salvo una pequeña excepción. Extraño al agua y ni siquiera viene a cuenta gotas.

Quiero que llueva para acompañar la melancolía y no sentirme viejo. Acompañarla con una caguama y el "Birth of the cool", trompetas y golpes de techo y pecho son una deliciosa combinación para la que no tengo otra alternativa que esperar en la parada del camión. De noche o de día extraño la lluvia sobre mis manos tornadas hacía arriba, mojadas y en plena salida del entumecimiento, con ganas de que se quede siempre conmigo y después con ganas de nada. No llueve en la tierra y tampoco en el mar, la sed nos mata a todos y se acaba de pronto.

Ulises Silva.

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