10 de abril de 2011

Homesick

Tres caguamas, o eso decía la receta del día, son suficientes para dar por satisfecha la sed esa que te da cuando es sábado... o viernes. En vasitos para que rindiera más, según el gordo, que por fortuna y buen atino de su parte no viene con amigas horribles, mis ojos medio ciegos pueden descansar; vaso tras vaso pasa la noche y la gente cotorrea animada, "Men's Night": hablar de tus actrices porno favoritas, entre otras cuestiones igual de agradables que no salen de la boca de nadie cuándo hay mujeres presentes, aunque estén feas. Luego hablan de cosas que han vivido juntos, desde borracheras, salones de clase hasta que hablan de que se acerca el vallartazo, su vallartazo. El mio es diferente.

Vallarta, un nombre que hace mucho no me provoca las cosas que me solía provocar, pero esta noche sí. Esta noche el mar me sonó en el cerebro y tuve ganas de meter mis pies entre la arena. Para las personas que creen que vivir allá es el confort eterno, dejenme decirles que no están equivocados, la vida es hermosa allá, sólo que parece que nunca avanza, eso puede ser bueno o malo, según las aspiraciones que tengas. Un callejón sin salida para la cultura, una pinche puertota para la imaginación. (mucha mota y muy buena) Cada vez que regreso se pone menos linda y la siento menos mía, pero eso no me quita el deseo de regresar en cuanto pueda, bien podría ser sólo el mar, pero no quiero pensar en eso.

Mi distracción me cuesta no poder entrar en la platica, conociendo a mi gente seguro es sobre comida, aunque pinky no pueda hablar, seguro es sobre eso. Bebo en silencio mientras el aire me enfria el lomo, no escucho nada, ya ni siquiera a las olas en mi cerebro, ni las sirenas de los barcos. Miro al cielo pero no hay fuego, nada, pinche encandilada ni las estrellas puedo ver para alejarme del mar y acercarme al cerro. Miro al frente y ellos siguen en su platica que no entiendo, luego se ríen, yo también; se van y yo prendo la tele y está "Por la libre", es extraño, aunque la historia no tenga nada que ver, siempre recuerdo a mi familia, sobre todo a Donaciano y a Daniel; ya no pienso nada, mañana pensaré en que sólo falta una semana, una y ya, para cosas agradables, para historias y para cervezas, para el sol y para la noche con bellas voces.

Es mi coche.

Ulises Silva.


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